OPINION
Las maneras del humor

Inicio

Aquiles

Jose Rivas Rivas

Vivió Aquiles Nazoa muy intensamente la dictadura de Pérez Jiménez, durante la cual algún tiempo careció de libertad y otro tanto permaneció exiliado de la patria. Si a eso se añade la precariedad económica que lo acorraló por muchos años, nos explicamos el porqué de los ocasionales quebrantos de espíritu que le agriaban el ánimo. Lo cual tampoco le impedía, cuando la ocasión era propicia, abrir regocijadamente su espita humorística. Cierta vez, en la cárcel, donde para mayor vejamen le raparon la cabeza, solicitó los servicios de un guardia, para que comprase refrescos en una cafetería cercana. Le entregó unas monedas, pero el hombre, contemplándolas en la palma de su mano, le manifestó que el dinero no era suficiente. Entonces Aquiles le dijo, glosando una copla de nuestro folklore: -"Claro que sí. Vea usted: una locha es una locha, dos lochas es un medio, y cuatro lochas un real, ocho lochas un bolívar y dos medios otro real". El desconcierto del mensajero y la risa de los presos avalaron la boutade del humorista.

Presumo que un mecanismo emocional similar a ése funcionó en el caso de la singularísima leyenda que Nazoa le escribió a un retrato suyo incluido en "Humor y Amor", primera antología de sus versos. Dicho texto es recordado en el reciente libro Aquiles Nazoa, inventor de mariposas, de Ildemaro Torres, (bella edición de Fundarte, regiamente diseñada por Mariano Díaz). Y dice así: "Aquiles Nazoa, retratado por la fotografía de Manrique en 1924, con el vestido de Nazareno que decidió su vocación de monaguillo". Quiero añadir algo a ese episodio. El libro en referencia fue publicado por el librero español Enrique Requena, residenciado en Venezuela, quien me contó lo siguiente: cuando Aquiles le entregó los originales de la obra apareció allí una fotografía suya con esta leyenda: "Aquiles Nazoa a los cinco años cuando aún no había nacido su vocación de pendejo". Le sugirió Requena que cambiara la última palabra de ese texto. Y como el poeta se resistía a suprimirla, el librero le insistió ya un poco incómodo: -"¡Hombre, señor Nazoa! Usted no es ningún pendejo... escriba otra cosa. Así no voy a publicar nada...!". Modificó, pues, Nazoa la leyenda de la fotografía y quedó como aparece citada en el libro de Fundarte.

En referencia al retrato, se deja constancia que ha sido tomado en la Fotografía de Manrique, es decir, la de mayor categoría de Caracas, la que suministraba los mejores retratos a El Cojo Ilustrado, a Billiken o al Gobierno Nacional. Seguramente esa foto de Aquiles niño salió de una modestísima Kodak, de las llamadas "camaritas de cajón". Pero es que burlarse de sí mismo (ya lo han establecido así los analistas del humor) es la primera condición de un auténtico humorista.

El celebrado Groucho Marx comentaba con cierto dejo de tristeza: "A mi madre la fascinaban los niños. Hubiera dado cualquier cosa por haber tenido un hijo". Por su parte, Woody Allen afirmaba: "Cuando a mí me secuestraron mis padres actuaron de inmediato y alquilaron mi habitación".

Lo ideal hubiera sido que el librero, editor de aquel libro, dejara intacta la leyenda de la fotografía como fue concebida por su dueño, pues allí estaban presentes los contrarios, esa suerte de conceptos que aunque coexisten están al mismo tiempo como chocándose entre sí, como dándose codazos uno a otro. Y es que ese desorden, ese desacuerdo entre las cosas, esa irrupción en la lógica de la vida humana es responsable en buena parte de la existencia del humor. La mordacidad con que Aquiles se refiere a su propio retrato, de menguada calidad artística, con la cáustica leyenda que él mismo le escribió, responde cabalmente a la sabia opinión de Ritcher acerca del humor: "... melancolía de un espíritu superior que llega incluso a divertirse con aquello que le entristece".

Le correspondió a Aquiles Nazoa una de las más despiadadas ironías que ha ofrecido la cultura venezolana de este siglo; y es que su popularidad se agigantó a raíz de su muerte en un accidente de tránsito. La obra suya, de humorista polifacético, integralmente culto y sensible a todo lo referente a Venezuela alcanzará con el tiempo aún mayor divulgación de la que hoy posee. Vendrán nuevos reconocimientos y otras maneras de recordarlo, en la medida en que el público vaya afinando sus recursos interpretativos para apreciar el humor en todas sus exquisiteces.

 

EL NACIONAL - MIÉRCOLES 12 DE MAYO DE 1999

CopyRight 1999. CA Editora El Nacional. Todos Los Derechos Reservados

umail

Bio

Obras

Entrevista

Autobio

Prensa

Enlaces