Caracas, domingo 06 de diciembre, 1998
La biografía del humorista y poeta caraqueño según Ildemaro Torres


Sencillamente Aquiles Nazoa

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Aquiles

CON EL TITULO Aquiles Nazoa. Inventor de Mariposas, el médico y humanista Ildemaro Torres edita con Fundarte una recopilación de las vivencias, dibujos, textos, hemerografía y extractos de los programas televisivos del querido personaje caraqueño


Ana María Hernández G.
El Universal
Caracas.- Lo bueno de un personaje como Aquiles Nazoa es que se le pueden atribuir los epítetos más descriptivos, todos certeros: soñador, hacedor de sueños o como lo titula Ildemaro Torres en su reciente biografía (Fundarte, 1998), Aquiles Nazoa inventor de mariposas. Este libro habla del autor de 'Las cosas más sencillas', hilando vida y palabra. Por eso, toda hora que se dedique a la lectura de cualquier página escrita por y para Nazoa, se convierte en jugosa inversión para el espíritu. Y quizá sea la mayor de todas poder captar cómo desde su verbo se conocen las artes, se viaja por Venezuela, se aprecian paisajes, se disfrutan las costumbres. Aquiles Nazoa es imprescindible para entender la cultura caraqueña, la cultura del venezolano, no desde la perspectiva del pesimismo, sino de la riqueza espiritual.

Resumen de vida
Aquiles Nazoa nació en Caracas el 17 de mayo de 1920, en El Guarataro, parroquia San Juan. De modo que hoy seguramente sería un muy crítico y venerable señor de 78 años.
Su educación la hizo en esa zona caraqueña, y de algún modo a los doce años ya dominaba el inglés, por lo que pudo trabajar como guía turístico.
El niño Nazoa también trabajó como aprendiz de carpintería, como telefonista y botones en el Hotel Majestic, como domiciliero en una bodega de San Juan, como mandadero y barrendero de El Universal.
A los 18 años fallece su padre, y como era el mayor de sus cuatro hermanos, se convierte en jefe de familia. Se traslada a Puerto Cabello con toda la tropa, y allí, a esa edad, trabaja como director del diario El verbo democrático. Como es de suponer, y siendo Nazoa un defensor precisamente de las causas sociales más justas, este cargo periodístico le costó la expulsión del Estado Carabobo y encarcelamiento por parte del gobierno de Eleazar López Contreras.
Una vez fuera de cárcel, le toma el gusto en serio al periodismo, y de allí en adelante la incursión continúa: Ultimas Noticias, El Nacional, El Morrocoy Azul. En Bogotá escribió para la revista Sábado, y en 1947 asume la dirección del semanario Fantoches. En 1948 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo, y en 1967 el Premio Municipal de Prosa.
De no haber sido por el fatal accidente automovilístico ocurrido en La Victoria el 25 de abril de 1976 que interrumpió su vida, en estos momentos contaríamos con seguridad con una pluma humorística pero incisiva, de esas que hacen falta para alborotarle la bilis y la adrenalina a los lectores.
Crónicas y escritos
Aquiles Nazoa era, lo que se dice, un personaje. No sólo supo entender la idiosincrasia del venezolano, sino que transmitía esas impresiones de una manera tan viva, tal como pueden apreciarse en sus deliciosas crónicas y escritos. Por ejemplo, en Las Muñoz Marín salen de compras, donde retrata la actitud del nuevorriquismo tan arraigada en la cultura nacional. O en El arrocito de las López, que aunque ya no se le conoce con el nombre de 'arroz' a las fiestas, permanece vivo el reflejo de lo que son los bonches familiares aún, y que hoy se hacen con discos compactos que no se rayan y no se pegan. Tampoco se puede dejar de mencionar el famoso texto, desde cuyo título en verso y rima, ya presagia el humor de su contenido: Los martirios de Colón/, fragmento de un diario escrito/ por el famoso erudito/ Mamerto Ñáñez Pinzón. A este drama en verso púsole música Federico Ruiz, e hizo gran ópera, acaso la mejor ópera venezolana de estos tiempos, representada en la Sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño hace unos años.
Casa de amor
Una aproximación a Nazoa, según la selección de Ildemaro Torres, permite reencontrarse con la ternura del personaje.
En la página 13 de la obra se lee una 'sentida evocación de su madre':
'Ahora llegamos al momento en que yo no he nacido. Ahora mi madre está tendida sobre el mundo, y el amor la agasaja de perfumes como a la tierra un río de duraznos; dócil, pluvial, arbórea, taza de leche enamorada, está ahora tendida allí mi madre, cuna de flores el dulce cuenco de su vientre para tornear _suavísima alfarera_ la sustancia de siglos que cantando la nombra en la palabra de mi padre./ Madre, pequeña fábrica de amor, mansa esposa del Tiempo, milagro de tu carne fue darle forma humana a las tinieblas y recoger la noche en tus entrañas para levantarla como una espiga hacia la aurora./ Yo lo sé, yo lo sé, porque mis ojos, yo lo sé, no han conocido estrellas más suntuosas, ni mañanas más claras, ni flores más augustas, ni en fin nubes, que las que aprendí desde tu cuerpo a mirar a través de tu mirada'.
Torres cita más adelante (p.71) uno de los programas televisivos de Nazoa cuando el poeta compara la vivienda con el cuerpo humano:
'Nace la casa por un acto extrañamente semejante al de la consumación del amor. Para que nazca la casa es preciso que el hombre hunda su cuerpo en el seno de la tierra. La piedra que él deposita en ese pedazo de naturaleza que ha hecho suyo, la piedra que se nombra con palabra semejante a semilla, es como el germen, como el microorganismo del que la casa brotará hacia la vida'.
Y para culminar, una arista de ese Aquiles Nazoa que supo muy bien explicar lo erudito en términos perfectamente entendibles para un lego. Cita nuevamente Torres un fragmento dedicado a la música (p. 111):
'Antes de aparecer el hombre sobre la tierra ya existía la música en la naturaleza. Música en sus formas larvarias eran el rugido del oleaje marino y el silbar de los vientos entre los poderosos árboles; era música el rumor de los ríos entre los peñascos y el caer de las torrenciales cascadas; música eran igualmente el bramar de los volcanes, y el trinar de los pájaros, el graznar de las aves mayores, el aullar y el gañir de las fieras y bestias. Siempre hubo música en la tierra, pero aquel mundo de sonidos dispersos no adquirió significación de hecho musical sino cuando el hombre lo recogió en su pecho como en una maravillosa caja de resonancia, y lo revirtió hacia el exterior en formas de ritmo y melodía, base de toda música'.
Aquiles Nazoa perdurará en la memoria del país, a través de sus libros. Nunca estará de más volver a Humor y amor, mil veces reeditado.

El Universal, Caracas, domingo 06 de diciembre, 1998
amaria@eud.com

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